“Va siendo hora de dirigir el discurso sobre igualdad a los hombres, que cuestionen sus modelos de masculinidad”

Las agresiones en fiestas son un “síntoma de una enfermedad social que arrastramos”, una desigualdad patriarcal en la que hay que “implicar” a los hombres.

4f4a2577.jpg_20160614210433_17187_1

pamplona – Impartió recientemente en el Ayuntamiento de Villava un taller grupal de autocuidados dirigido a mujeres cuidadoras. Fue la excusa perfecta para reflexionar sobre las relaciones abusivas en verano, especialmente durante las fiestas.

¿Crees que reacciones ante agresiones como las ocurridas en Sanfermines representan un antes y un después en la movilización ante este tipo de ataques?

-Sinceramente, no se si representa un ante y un después, lo que si estoy segura es de que le hemos visto los dientes al lobo. En lo que respecta a los Sanfermines, hasta ahora no obteníamos toda la información, y este año por parte del ayuntamiento y gracias a una labor militante y comprometida del movimiento feminista, hemos tenido una información transparente y cruda. Simplemente nos han puesto la horrible realidad delante de nuestros propios ojos. Pero esto no solamente ocurre en Sanfermines, ni en fiestas. Esto ha sido el síntoma de una enfermedad social que arrastramos.

¿La gente está más concienciada a la hora de denunciar y la ciudadanía en plantar cara ante estos ataques?

-En cierta medida yo siento que sí, toleramos menos la violencia machistas en las calles, y en muchos casos sentimos la obligación de condenar muchas situaciones violentas por parte de los hombres hacia las mujeres, sobre todo en un contexto festivo. Pero creo que no podemos contentarnos con eso. Para que haya hombres que se creen con el derecho de intimidar y agredir a las mujeres por un tema de pura dominación, quiere decir que hay muchas variables que no estamos siendo capaces de ver. En nuestro día a día existen innumerables situaciones de dominancia patriarcal que pasan desapercibidas. Fíjate cuanto nos llenamos la boca en nombrar la igualdad y, en cambio, la realidad nos habla de que la igualdad está más bien bastante prostituida. Es decir, quienes trabajamos por integrar la igualdad de las personas en esta sociedad no podemos competir con un sistema totalmente masculino, patriarcal, competitivo y violento. Con esto quiero decir que para erradicar la violencia machista tenemos que empezar a plantearnos si queremos dejar de lado ciertos mandatos masculinos muy poderosos para este sistema en el que vivimos.

Algún ejemplo…

-Las mujeres tenemos que demostrar mucho más que los hombres que somos mujeres competentes y dignas de pertenecer a un mundo donde el éxito y el talento social es lo que se valora. Somos las mujeres quienes nos debemos adaptar a un mundo manejado por las mentes masculinas (patriarcado), como si fuera la única manera de estructurar la sociedad. Valoramos el éxito, la inteligencia, la competencia y no valoramos algo que tanto mujeres como hombres también somos, emoción, vulnerabilidad, compasión, etcétera.

Viendo el testimonio de los jóvenes denunciados por la violación del día 6 las coartadas se repiten: era una relación consentida, no hubo violencia…

-No existe una culpa implícita por parte de la mayoría de los hombres que abusan y agreden a las mujeres. Consciente o inconscientemente se sienten con el derecho de hacer lo que hacen, el derecho de invadir el espacio y el cuerpo de las mujeres. Por ello, la respuesta de la ciudadanía tiene que ser clara, rotunda y sin pelos en la lengua.

¿En materia de educación se está haciendo lo suficiente, en la escuela, en las parejas, entre colectivos de jóvenes?

-Creo que hemos intelectualizado la igualdad. Todas y todos hablamos sobre la igualdad, opinamos y tenemos nuestras propias creencias pero no transmitimos igualdad. La igualdad no tiene que ver con conceptos, no tiene que ver solo con oportunidades. La igualdad tiene que ver con el derecho a vivirme tal y como soy. La igualdad está en la aceptación de las propias diferencias. Acogiendo a cada individuo en todas sus diferencias (homosexualidad, transexualidad, razas, clases sociales…). Para ello debemos creer en una sociedad no dominante, cooperativa, amorosa… ¡Pero si no tenemos tiempo ni para educar a nuestros/as hijas!, si tanto hombres y mujeres estamos inclinándonos hacia un mundo capitalista y consumista donde nuestra mayor motivación es ser exitosos, talentosos y ricos, y los que no cabemos ahí somos fracasados. Ahí no cabe lo emocional, la vulnerabilidad, la belleza de las pequeñas cosas. Y creo que en eso nos estamos equivocando.

¿Culpabilizamos demasiado a los hombres y poco a las mujeres de muchas actitudes y comportamientos sexistas?

-Creo que indirectamente culpamos antes a las mujeres que a los hombres. Si te fijas todos los mensajes preventivos hacia las agresiones machistas están dirigidos a las mujeres. Somos las mujeres las que tenemos que estar alerta… y empoderarnos. Y no me parece desacertado, pero no es suficiente. Va siendo hora de dirigir el discurso a los hombres, a que ellos se sientan parte implicada y activa de esta desigualdad patriarcal, que se comprometan y cuestionen sus modelos de masculinidad. Porque sino lo que está pasando es que cada vez estamos más enfrentados mujeres y hombres, porque esto es un trabajo de todas y todos, indudablemente.

¿Crees sinceramente que las mujeres, en general, están por la labor de cambiar roles y estereotipos?

-Creo que no solamente depende de las mujeres, creo que mayormente depende de la sociedad. Yo trabajo con grupos de mujeres para poder experimentar nuestra propia carga adquirida socialmente a través de los estereotipos femeninos. Que cada mujer pueda identificar y reconocerse en sus propios mandatos estereotípicamente femeninos que no le permiten vivirse desde su plenitud y poder encontrar una salida creativa donde pueda experimentar su propia respuesta genuina y esencial.

¿Cuáles son esos mandatos?

-Ejemplos sobre los mandatos sería: tengo que estar siempre disponible para los otros (sino me tacharán de egoísta), si digo lo que pienso no me aceptarán, soy demasiado habladora, solo si soy perfecta me tomarán en serio. Mandatos que los hemos ingerido como estrategias para pertenecer, sin previamente plantearnos si tienen sentido propio para mí.

¿Nos sentimos más cómodas así?

-Nos guste o no, mantenernos en los roles y estereotipos que se esperan de nosotras mismas nos mantiene en una zona de confort, nos asegura la pertenencia. Y lo mismo puedo decir de los roles y estereotipos masculinos. Con lo cual creo que no es tan sencillo, creo que es todo un trabajo personal en el que tiene que haber una voluntad.

¿Están las mujeres realmente preparadas para defenderse de una agresión física?

-Creo que el movimiento feminista está haciendo un muy buen trabajo en nombrar, condenar y repudiar muchas cosas que antes las dábamos por normalizadas. Aún así, a nivel cultural y educacional, las mujeres estamos muy poco familiarizadas con la rabia y mucho con la tristeza y frustración. Con lo cual, ante un enfrentamiento entre un hombre y una mujer es bastante probable que la mujer se sienta en inferioridad de condiciones que un hombre, por una cuestión que en psicología se llama la indefensión aprendida. Por eso, las mujeres tenemos que reaprender a creer y a confiar en nuestra propia fortaleza, que es abundante. Creo que es más económico y sostenible invertir en una educación emocional y creativa, contenida de comunicación, apoyo y amorosidad para chicos y chicas, que preparar a las jóvenes para poder afrontar ser víctimas de la violencia machista.

¿Qué se hace en estos encuentros sobre cuidados para mujeres?

-Son espacios para el autoconocimiento, para el tomar conciencia de mis propios patrones adquiridos desde la infancia, donde muchos todavía me serán útiles y otros, se sitúan en una zona de confort muy conocida y estable, pero que limitan la propia expresión de mi ser más esencial. Muchas veces, somos nosotras mismas las que nos boicoteamos para no ir hacia lo que deseamos, lo consigamos o no. Muchas veces, por los mandatos que hemos recibido, por cómo socialmente hemos entendido el lugar que ocupa la mujer, nos hemos creído sin derecho de ser, sin la dignidad para tomar y pedir, etcétera.

¿Se trata de recuperar esa identidad desprovista de la capa social?

-Este trabajo propone poder tomar conciencia de estos patrones aprendidos, sentir donde están nuestras limitaciones externas que no nos permiten avanzar hacia nuestra necesidad, deseos, etcétera, para después poder experimentar, primero en un espacio seguro y constructivo, diferentes maneras de hacer, a través de la creatividad, de la expresión corporal, meditaciones, visualizaciones, trabajo con las polaridades, con la desdramatización, etcétera. Y así, poder ampliar nuestra mirada respecto a nosotras en el mundo.

¿Estos mismos talleres podrían estar dirigidos a hombres también?

-Por supuesto. Trabajo con masculinidades y espacios de reflexión sobre la masculinidad y feminidad. Yo ofrezco desde lo que yo puedo dar. Este trabajo con mujeres surge de mi propia necesidad de reconciliarme con el ser mujer, de poder tomar la fuerza y también la receptividad, de poder tomar mi presencia como mujer, etcétera. Para mi ofrecer este trabajo es una oportunidad para poder trabajar mi creatividad femenina y poder tomar el lugar que me corresponde en el mundo. Éste ha sido mi gran trabajo, reconocerme como mujer y quitar la vergüenza y la carga que durante muchos años me ha causado esa identificación. En Laskurain contamos con terapeutas que trabajan con grupos de hombres, y los creo necesarios para que podamos mirarnos hombres y mujeres con una mirada amorosa, compasiva. También creo en la necesidad de trabajar la masculinidad y feminidad en grupos de hombres y mujeres. Pero creo que primero debe haber un trabajo de redefinirse, de conectar con nuestras propias heridas de guerra, en esta sociedad patriarcal, tanto las mujeres como los hombres.

currículum

Centro Laskuraín. Es psicóloga y terapeuta Gestalt. Especializada en el Máster de igualdad entre hombres y mujeres. Actualmente trabaja en el Centro Laskurain Pamplona como psicoterapeuta y lleva a cabo diferentes grupos con mujeres dirigidos hacia el empoderamiento personal y el autoconocimiento. Combina la labor terapéutica con la formación en educación integrativa e igualitaria dirigida hacia el crecimiento personal.

Clown terapéutico. Hoy, se forma en técnicas de Clown-terapéutico con el objetivo de adquirir herramientas creativas como recurso para los trabajos grupales. Tiene experiencia en formación en Coeducación, tanto en primaria como secundaria y bachiller, y profesorado y personal de empresa.

Ana Ibarra | Javier Bergasa – Viernes, 29 de Julio de 2016 – DIARIO DE NOTICIAS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.